sábado, 5 de enero de 2013


Karma y Reencarnación
Extracto de la Introducción del Libro «Autoconocimiento» de Shankaracharya
por Swami Nikhilananda

La doctrina del karma y el renacimiento que constituye una parte importante de las enseñanzas de los Upanishads, ha ejercido una gran influencia práctica sobre la sociedad hindú, hasta nuestros días.



Es éste uno de los pilares más fuertes sobre el que descansa el dharma (recto proceder) de India. La doctrina fue formulada en respuesta a la pregunta sobre qué le sucedía al hombre después de la muerte. Explicaba también a los hindúes la desigualdad de los hombres entre sí al nacer y les proporcionaba razones para creer en una base moral del universo; base según la cual la virtud es siempre recompensada y la iniquidad, castigada. La doctrina del karma y el renacimiento es ciertamente una original contribución del hinduismo al pensamiento filosófico mundial.

Debe ser claramente entendido que esta doctrina no se aplica al Alma o Atman que es, en su esencia verdadera, superior a toda muerte y nacimiento, puesto que no puede hallarse afectada por el tiempo, el espacio ni la ley de causación.



La misma se refiere solamente al Jiva o alma encarnada. Pertenece a lo que se conoce con el nombre de «conocimiento inferior», por medio del cual se trata de explicar el mundo relativo; y no al «Conocimiento Superior» que se entiende sólo con la ciencia del Atman.


Literalmente, karma significa acción: denota la acción en general y el fruto producido por las impresiones sutiles que permanecen como el «hacedor de la acción» hasta muchísimo después que la misma ha cesado. Es en este último sentido que la acción juega un importante papel en el moldeado del futuro del hombre, no solamente en la tierra sino también después de muerto. La ley del karma es la aplicación de la ley de causa y efecto en el mundo moral.

Ninguna acción es realizada sin que produzca su efecto, tanto en el cuerpo como en la mente. En el momento de morir, las acciones del hombre permanecen en forma de semilla; y esas semillas se desarrollan cuando aquél adopta un nuevo cuerpo físico, ya sea en la tierra o en otro plano de la existencia. «Cada hombre nace en el mundo que él mismo se ha construido». «El arquetipo de lo bueno y lo malo realizado permanece en el mundo sutil. El bueno heredará su propia bondad; el perverso, los frutos de sus malas acciones». Así también, el hombre devoto será, con el tiempo, santificado; y quien del mal se nutre será víctima de su propia siembra.



Por esto se dice que el hombre está compuesto de deseo (kama); en proporción a su deseo es su prudencia (kratu); en proporción a su prudencia, realizará actos (karma); en proporción a sus actos, serán los resultados que coseche. El hinduismo enseña que las buenas y las malas tendencias de esta vida y la felicidad y sufrimiento del hombre son las inevitables consecuencias de sus acciones pasadas, y que las acciones llevadas a cabo en esta vida determinarán los actos de su próxima existencia. Estas convicciones han sido enseñadas por los hindúes para explicar las penas infligidas a los hombres en esta vida y para que las mismas sean aceptadas con calma y resignación.

Son también mi incentivo para inclinarse hacia la recta conducta (dharma); porque si un hombre no realiza malas acciones en esta vida, tendrá escaso dolor y sufrimiento en su futura existencia. De esta manera, el hombre es libre de acelerar o de obstaculizar su propia evolución. Ni su desarrollo ni sus acciones son determinadas por ningún factor externo a sí mismo. 

A través de la ley del karma, los sabios de los Vedas trataron de explicar los fundamentos morales del universo. De acuerdo a éstos, la rectitud será recompensada y la maldad castigada en esta vida o en el más allá, no por el capricho o la fantasía de Dios, sino por nuestras acciones.

La teoría del renacimiento es la contrapartida necesaria de la ley del karma y de la inmortalidad del Alma. El Alma, siendo eterna, no puede ser aniquilada con la desaparición del cuerpo físico. La idea del premio eterno o del eterno castigo después de la muerte, no aparece en la mente de los sabios hindúes. 

Es absolutamente desproporcionado para la ley de causa y efecto imaginar que una acción realizada en un corto período de la vida -que de por sí está sujeta al error- pueda producir como fruto un castigo que durará por toda la eternidad. La idea de que el alma que ha errado no puede tener otra oportunidad para rectificar sus errores, es injusta y carente de misericordia, de acuerdo al pensamiento de los sabios entendidos en los Vedas.

Los místicos védicos hablan a menudo de las cuatro vías que un hombre puede seguir después de la muerte. Ellas están determinadas, como hemos visto anteriormente, por las acciones y pensamientos habidos durante la estadía sobre la tierra de un alma en un cuerpo. En primer lugar, las almas altamente desarrolladas, que llevan una vida de rectitud extrema, que meditan con todo su corazón y devoción en Brahman y que practican las disciplinas espirituales, pero que, pese a todo esto, no obtuvieron la completa realización antes de la muerte, van al Brahmaloka o plano de Brahma (más o menos se corresponde con el cielo de los cristianos) y desde allí, a su debido tiempo, obtienen los medios para su liberación. 


Algunas, sin embargo, retornan a la tierra para un nuevo nacimiento. Esta vía es conocida corno «el camino de los dioses» o devayana. Por otra parte, los ritualistas y filántropos que enseñan con el fruto de sus acciones, después de la muerte van al Chandraloka o esfera lunar. Para llegar allí se atraviesa una vía conocida como «camino de los padres» o pitriyana. Después de disfrutar en ese sitio dichas inmensas, como recompensa a sus acciones meritorias, retornan a la tierra, puesto que aún conservan deseos de felicidades mundanas.


Otros, que realizan acciones prohibidas por la religión y la moral, adoptan, después de muertos, cuerpos subhumanos y residen en lo que es generalmente conocido como infierno. Luego de la expiación de sus errores, renacen en la tierra con formas humanas. Por último, aquellas personas que ejecutan acciones extremadamente malas, se ven conminadas a renacer repetidamente en cuerpos de criaturas insignificantes. Con el tiempo, se liberan del fruto de sus malas acciones. 


Estos cuatro cursos no pueden aplicarse, obviamente, al alma afortunada que obtiene el Conocimiento de Brahman en su vida física, antes o en el preciso momento de la muerte. Ninguna ida o vuelta, son imaginables a su respecto: está absorbida en Brahman. La estadía de un alma en un cuerpo superior o inferior, es simplemente temporaria.

Las acciones realizadas por las almas residentes en esas criaturas inferiores, no producen resultados, como ocurre con las realizadas por aquellas encarnadas en cuerpos humanos. Cuando un alma toma nuevamente investidura humana, sigue la corriente de evolución espiritual suspendida en el momento de la muerte. Como la obtención de la perfección no es posible en una vida, el alma asume muchos cuerpos buscando obtenerla. De acuerdo a la filosofía hindú, todas las almas deberán obtener, finalmente, la perfección.
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