viernes, 9 de noviembre de 2012

¿Cuántas escalas hay para medir terremotos?
Hay dos parámetros para caracterizar un terremoto: magnitud e intensidad. La magnitud es la medida de su fuerza en relación con la energía liberada y se calcula midiendo la amplitud máxima de las ondas sísmicas. En 1935 el sismólogo de EE UU Charles Richter ideó la escala logarítmica de magnitudes que lleva su nombre. 

No tiene límite superior, y un incremento de un punto implica que la magnitud del seísmo aumenta diez veces. Los más violentos están por encima de 7.

Antes, el italiano Giuseppe Mercalli había creado una escala del 1 al 12 para medir la intensidad de un terremoto, basada en la observación de sus efectos –que es subjetiva–.


Capítulo aparte constituye la medición de los terremotos de estas dos escalas famosas, la de Ritcher y la de Mercalli, que poco tienen que ver entre sí.


¿Cómo se miden?

La escala de Ritcher, establecida en 1935, apunta a medir la cantidad de energía liberada. No crece de una manera lineal: un grado más puede significar una liberación de energía de diez a quince veces mayor que el anterior, por ejemplo. Y tampoco es una escala “cerrada”, no hay un tope establecido. Podría haber un terremoto que excediera el punto máximo de la escala, generando un nuevo nivel.

Aunque conserva su utilidad, la escala de Ritcher ha sido reemplazada por los científicos por otra más precisa, denominada Magnitud Momento. Aunque su criterio de medición no es el mismo, coincide en buena parte con la de Ritcher.

Otro enfoque tiene la popular escala que creó el italiano Giuseppe Mercalli en 1902, y que fue modificada por otros sismólogos en 1931. No se basa en los registros sismográficos sino en los efectos del terremoto: daños en las estructuras y sensaciones percibidas por las personas.

Tiene una docena de niveles, expresados en números romanos, que van desde el nivel I, “Sacudida sentida por muy pocas personas” hasta el XII “Destrucción total, ondas visibles sobre el terreno, perturbación en las cotas de nivel de ríos, lagos y mares, objetos lanzados por el aire hacia arriba”.

Es curiosa la precisión y el dramatismo con que algunos grados de la escala describen el fenómeno. El grado VIII, por ejemplo: “Daños ligeros en estructuras de diseño especialmente bueno; considerable en edificios ordinarios con derrumbe parcial; grande en estructuras débilmente construidas. Los muros salen de sus armaduras. Caída de chimeneas, pilas de productos en los depósitos de las fábricas, columnas, monumentos y muros. Los muebles pesados se vuelcan. Arena y lodo proyectados en pequeñas cantidades. Cambio en el nivel del agua de los pozos. Pérdida de control en las personas que guían vehículos motorizados”.

Chat gratis