jueves, 28 de junio de 2012

Mandamientos - Energía - Inteligencia 
Erich von Däniken: Profeta del pasado

La peligrosidad de la teoría para la humanidad estriba en que induciría al hombre a creer en dioses extraterrestres, a depositar su esperanza en la ayuda de éstos, cruzándose de brazos y poniendo la solución de sus problemas en manos de los supuestos extraterrestres, p.250.

¿Es peligrosa la teoría de los dioses-astronautas?

¿Puede "inducir" a los humanos a esperar en la inacción la marcha de los acontecimientos, confiando en que verán resueltos sus problemas por los extraterrestres?

¡De todas las acusaciones necias, esta es la más necia! 

Los que argumentan con esa mentira deberían acusar también a los representantes de las religiones establecidas que prometen el "auxilio de los cielos". ¿No es una de sus consolaciones "Dios proveerá"? ¿Qué es lo que enseñan a los niños los maestros de las grandes confesiones religiosas y de todas las escuelas espirituales? "Llamad y se os abrirá", "Dad y se os dará", "Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos".

El peligro - la negación del porvenir, el menosprecio de los propios recursos, el abandono del poder de decisión en manos de seres indefinibles - no está en el domino de la hipótesis de los dioses-astronautas. Además, ésta no es ninguna doctrina de salvación, ni pretende serlo. Y, sin embargo, yo afirmo: ¡los extraterrestres regresarán!


Los cristianos esperan el retorno del Señor. Dice el Evangelio que "volverá con gran poder y gloria, entronizado en las nubes, para juzgarnos a todos". Esa esperanza existía ya hace (p.257)
dos mil años, cuando vivía Jesús entre los judíos, que ya entonces aguardaban a su Mesías. Pero no reconocieron a Jesús como su Salvador.


Los dioses prometieron regresar
En el Antiguo Testamento hay personajes como el profeta antediluviano Enoc, que desapareció con los "guardianes del cielo" para no volver a ser visto, o como Elías, de quien se dice que desapareció entre las nubes sobre un "carro de fuego". Según la doctrina tradicional, Enoc y Elías deberían regresar para morir aquí. 

También lo menciona Pablo de Tarso cuando explica que Jesús no dijo que Juan no moriria sino que quedaría en la Tierra (renacer) hasta la "venida" de Jesucristo, y en otros versículos hace mensión de ser llevados (teletransportación), en las nubes todos los justos con Jesucristo y los apostoles que estarían  "todos aquí" serian llevados hasta la ciudad de cristal, la Nueva Jerusalén (nave) que estaría en los cielos para luego "bajar" a la Nueva Tierra. 

Bep-Kororoti, el "guerrero del cielo" en la leyenda de los indios cayapo de Río Fresco, Brasil, adorado por éstos como un dios, prometió regresar al cabo de mucho tiempo, antes de desvanecerse en los espacios. Y los Katchina, dioses de los indios hopi de Arizona, se despidieron del mismo modo: prometiendo su futuro regreso. 


¿Quienes son los dioses a los cuales esperan los incas, los indígenas en México o en Hawái?

Errores de una fe.

Cuando llegaron los conquistadores blancos al reino de los incas (1524-1525), se vieron acogidos con júbilo porque la tradición aseguraba que los dioses iban a regresar algún día. Una ingenua fe les hizo creer que las hordas españolas al mando de Francisco Pizarro, con su hambre insaciable de oro, eran los dioses que volvían...  ¡Terrible confusión! (algo de lo que advierte Jesús repetidamente.., no os dejeis engañar!!)


El mismo error cometieron los aztecas de América Central: en 1519, cuando Hernán Cortés sitió Tenochtitlán, que entonces era la mayor ciudad de América, la victoria se decantó fácilmente de su bando porque los indios creyeron que los conquistadores eran los dioses largamente esperados.


En 1778, cuando descubrió las islas Hawái, el explorador James Cook supo sacar partido de la circunstancia de que los indígenas le identificasen con su dios Lono el de los cabellos de oro, que había prometido regresar a su país.


¿Qué "dioses" eran esos que hacían promesas tan definitivas como las que se repiten, calcadas en serie, a través de todas las antiguas tradiciones? No pudieron ser espíritus nebulosos ni fantasmas vagos de la imaginación. Tuvieron que ser personajes (p.258)
físicamente reales, que vinieron del cielo para vivir entre nuestros antepasados: personajes cuya superioridad les confería un prestigio de dioses. Cuando estos individuos emprendieron el regreso a las estrellas, la promesa del retorno les fue aceptada como la cosa más natural del mundo. ¡Un "dios" sólo tiene una palabra!

¿Hicieron los extraterrestres una promesa a humo para desvanecerse? En modo alguno. Conocían la ley física del desplazamiento cronológico, según la cual los astronautas a bordo de naves cósmicas muy rápidas están sometidos a un ritmo temporal diferente al de los terrícolas. Sabían muy bien que pasarían pocos decenios en sus naves, mientras sobre la Tierra iban a transcurrir milenios. Los extraterrestres pudieron, pues, formular su promesa con conocimiento de causa, ¡y la cumplirán!


¿Qué esperan hallar los extraterrestres a su retorno?
¿Un planeta dividido entre naciones enzarzadas en necias luchas? 

¿Una humanidad satisfecha, inactiva, después de dilapidar, olvidar o usar a fines perversos el "divino" legado de la inteligencia? 

¿Esperan los "dioses" ver un planeta dotado de unas tecnologías adelantadas, con centrales atómicas y vehículos espaciales, o una cultura paleolítica, con los hombres refugiados en frías cavernas, sacando punta a útiles de piedra a la luz de sus candiles de aceite? 
¿Esperan sociedades de individuos embusteros y envidiosos de los bienes del prójimo, o una comunidad ética y moralmente sana, cumplidora de los mandamientos que le fueron impuestos?

Pero.., ¿qué mandamientos?
Las indicaciones más claras sobre el camino y la meta de la humanidad en la tierra están escritas en el Antiguo Testamento:


<Y echóles Dios su bendición, y le dijo: Creced y multiplicaos, y anchad la tierra, y enseñoreaos de ella, y dominad a los peces del mar, y a las aves del cielo, y a todos los animales que se mueven sobre la tierra.> (Génesis 1,28)


El mensaje es claro. Hemos de utilizar la inteligencia humana para dominar a los animales y "enseñorearnos de la tierra", que nos dará sus riquezas: el oxígeno, el agua, los minerales, el petróleo, etcétera.


Bien contemplemos al dios del Antiguo Testamento, promulgador (p.259)
de estos preceptos, como un ser espiritual todopoderoso y abstracto, o como un personaje extraterrestre. Queda en pie lo siguiente: que ese dios o esos dioses eran superiores al hombre. El ser espiritual o los seres extraterrestres sabían a qué resultados iba a llevar el imperativo de "¡Multiplicaos!": a saber, a la superpoblación, y por tanto, a las guerras en pugna por los territorios, a la penuria de alimentos y vestidos. En una palabra, a situaciones de necesidad superables únicamente con el concurso de la inteligencia. Por eso dieron a los hombres esa cualidad que les permitiría enfrentarse a los problemas. Así se entiende la promesa que encierran estas palabras:

<Y este no ha sido sino el principio de su quehacer, y a partir de ahora, nada de lo que se propongan les será imposible.> (Génesis 11,6)


Por tanto, si poseemos la aptitud que confiere la inteligencia para solucionar nuestros problemas, no hay razón para cruzarse de brazos y esperar la ayuda de los extraterrestres.


Elohim = los dioses

En nuestras citas de la Biblia venimos hablando de Dios en singular. ¿Cometo, pues, una trampa imperdonable cuando hago intervenir aquí a "los dioses"?


En el texto hebreo original se designa a Dios con la forma plural "Elohim". El verbo, en cambio, aparece en singular en las frases que tienen por sujeto a dicha forma plural. Es como si se dijese, por ejemplo: "Y los dioses CREÓ al hombre a su imagen y semejanza". Y como el verbo está en singular, los traductores adaptaron el plural "Elohim" pasándolo al singular, es decir, a un "Dios".  Siempre que comprendamos que Dios está en cada ser. Pues la confusión de "dioses" se lo dieron los antiguos al ver a los extraterrestres o seres de otros lugares.


Me han asegurado teólogos muy entendidos que sería igualmente lícito pasar al plural la forma verbal "creó" para hacerla concordar con "Elohim", en cuyo caso la traducción sería: "y los dioses CREARON al hombre a su imagen y semejanza".


¿Cómo pudieron los "dioses" ordenar al hombre que se multiplicase, que se adueñase de la tierra? No podían ignorar que el cumplimiento de tales órdenes acarrearía consecuencias desagradables (p.260).


Los Diez Mandamientos
[Son avisos de los extraterrestres (Dios-dioses) para los hombres  o son el paraíso esos mandamientos divinos]

¿Los "dioses" dejaron a la joven humanidad unos mandamientos inequívocos?. 

Si hubieran sido observados, tendríamos una civilización intacta, sin conflictos, con un porvenir asegurado, y una cultura intachable. En el libro segundo de Moisés, Éxodo, capítulo 20, versículos 2-17, así como en el libro quinto, Deuteronomio, capítulo 5, versículos 6-21, están los diez mandamientos que los dioses dejaron como legado y obligación para nuestros antepasados.

Si se consideran algunos de los mandamientos desde el ímpetu de un profeta del pasado, veremos cómo adquieren una nueva perspectiva de cara al retorno FUTURO de los dioses.


El primer mandamiento dice:

<No harás para ti imagen de escultura, ni figura alguna de las cosas que hay arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni de las que hay en las aguas debajo de la tierra.>


 Ciertamente, los extraterrestres no ignoraban que ellos mismos NO ERAN dioses todopoderosos ni eternos y por eso, no que querian que los adorasen. Sin duda, ellos también reconocían a ese Algo incomprensible al que todas las religiones llaman "Dios" a falta de un concepto más claro, como UNICO.

 También sabrían que nuestros ingenuos antepasados les tomarían a ellos por "dioses"; pero tuvieron interés en marcar una separación entre ellos mismos y el Dios incognoscible. Para evitar que las generaciones posteriores tallasen ídolos de madera, piedra y arcilla con el fin de adorarlos, prohibieron estrictamente las imágenes de "Dios". Y.., ¿qué fue lo que sucedió? Tan pronto como los extraterrestres se marcharon, los hombres olvidaron el mandamiento recibido. Todas las religiones de todas las culturas no hallaron cosa más urgente que hacer sino forjar imágenes de la divinidad y darle los más diversos nombres. Que yo sepa, sólo una religión cumple con ese precepto: el Islam no tolera imágenes de Dios.

El cuarto mandamiento exige:
 

<Honra a tu padre y a tu madre, para que vivas largos años sobre la tierra.>

Sin duda será el único mandamiento que todavía cumplen todas las personas con un mínimo nivel moral (p.261)
[con la excepción cuando los padres son criminales].

Me parece interesante el aspecto de la longevidad que este mandamiento promete a quienes lo cumplan, pues tal promesa nos trae a la memoria algunas ideas modernas. ¿Por qué ha de vivir más años el que honra a sus progenitores? ¿No tenemos aquí una prudente anticipación de las conclusiones obtenidas por la moderna investigación psicológica? A saber, que el calor del "nido familiar" bien ordenado confiere al psiquismo del individuo, prácticamente para toda la vida, actitudes de serenidad, seguridad y firmeza. Y viceversa, que un trauma psíquico en la juventud garantiza una vida desgraciada. 


Pero aún hay más; dice la moderna investigación que las personas infelices son más vulnerables al cáncer. Luego no es descaminado afirmar que la observancia del mandamiento equivale a una esperanza de vida más elevada.

Los mandamientos quinto a octavo son sencillos, concisos, y su estricto cumplimiento bastaría para convertir a la Tierra en un Edén:


¡No matarás! - ¡No fornicarás! - ¡No hurtarás! - ¡No levantarás falso testimonio contra tu prójimo!


Efectivamente, es la tabla de multiplicar paz y felicidad. ¡Qué maravilloso sería que los humanos hubieran obedecido siempre a las sabias leyes de los "dioses"!...  Un mundo en el que nadie matase a nadie bajo ningún pretexto ni por ningún motivo. No más guerras, no más genocidios. Los noticiarios de la televisión, que no hablan de otra cosa, nos traerían la felicidad a las casas. EN REALIDAD, la paz estaba programada desde hace miles de años.


"No fornicarás ni cometerás actos impuros..." Me parece que nunca se ha dado importancia a este mandamiento, ni siquiera en los tiempos en que fue promulgado. Hoy día, en medio del vértigo de las libertades sin límites, solemos olvidarlo con frecuencia. Y sin embargo, ¡cuántas penas y disputas se habrían evitado, cuántas lágrimas habrían dejado de derramarse si se hubiese respetado las parejas en esa también ley milenaria que nos fue traída de otra estrella!


Tendríamos que entonar un aleluya de júbilo si se obedeciese al imperativo de "no hurtarás". Sin cerraduras en las puertas de las casas, las cajas fuertes convertidas en chatarra, los policías pasados al retiro y las cárceles dejarian de existir.., ¡porque nadie se apropiaría de lo ajeno! La realidad ha convertido en utopía un mandamiento plenamente acertado (p.262).


"No levantarás falso testimonio contra tu prójimo..." ¿Cuántos millones de personas, desde que el mundo es mundo, se han visto condenadas por un falso testimonio? ¿Cuántos miles de millones de veces, por quedar bien uno mismo, se dicen falsedades sobre el prójimo? Una ley sabía, desacatada por los hombres mil veces al día.


El noveno mandamiento me parece muy político y nacido de una gran experiencia:

<No codiciarás la casa de tu prójimo ni desearás su mujer, ni esclavo, ni esclava, ni buey, ni asno, ni cosa alguna de las que le pertenecen.>


¡Qué clarividencia la de los "dioses"! ¡Qué bien conocían a sus vástagos, a los que habían conferido inteligencia! Sabían que la ENVIDIA es la gran destructora de toda convivencia. Dieron categoría jurídica a la noción de propiedad: lo que uno ha adquirido, no debe otro codiciarlo.


La historia humana está recorrida por la huella, cada vez más ancha, de ese corrosivo que es la envidia. ¿Acaso no la propagan algunos partidos, algunos grupos de presión, así como, ahora y siempre, las Universidades, bajo las más diversas formas manifiestas o encubiertas? ¿No se pretende redistribuir lo que cualquiera o cualesquiera han adquirido mediante el esfuerzo? 


Y si prescindimos de apariencias accesorias, ¿no es la envidia, en último término, el motivo de los grandes conflictos entre los pueblos o en el seno de éstos? Sabedores de la evolución que se anunciaba, los dioses supieron muy bien qué leyes promulgaban y por qué razones.

Estoy muy lejos de poseer una mentalidad ultraconservadora, y me separan galaxias enteras de aquellos que piensan que todo lo de ayer fue bueno y mejor que lo de hoy y los de mañana. Y no obstante, digo y afirmo que nuestro planeta sería como un paraíso con sólo que los humanos se atuviesen a los sencillos preceptos de los "dioses". Esos antiquísimos mandamientos comprenden todo lo necesario para una convivencia útil entre los hombres. Sin excusas ni salvedades. No hay en todo el mundo leyes, por más hábilmente redactadas que estén, que compongan un código más convincente que esos sencillos mandamientos y prohibiciones, expresados en un mínimo de palabras (p.263).


Espero que no sea mañana mismo cuando los dioses hagan inventario para ver cómo se ha cumplido su grandioso plan.


¿Qué esperan hallar los extraterrestres (seres que no son de este planeta)?

¿Qué esperan encontrar los extraterrestres a su regreso? ¿Cómo reaccionar frente al estado de nuestra sociedad, con sus dudosas conquistas?

Las coordenadas de nuestro sistema solar están memorizadas en el ordenador de a bordo de su nave cósmica; el objetivo Planeta tierra está programado. Da lo mismo que regrese la tripulación original, envejecida en sólo algunos años, o que la promesa del retorno sea cumplida por una nueva generación. Es el mismo caso de los colonizadores de la época moderna. Aportaban a los "salvajes", como se decía entonces, instrucciones y asistencia. Distribuían los elogios y las reprimendas, según hubieran sido cumplidas sus órdenes, o corregían con medidas draconianas los abusos que consideraban más imperdonables.


A quien me objete que los extraterrestres no actuarían nunca con un estilo tan "colonial", e incluso que tales suposiciones atestiguan una mentalidad "reaccionaria", le haré ver que está muy equivocado. Los "dioses" crearon la inteligencia humana "a su imagen y semejanza". Por eso, NUESTRA mentalidad es muy semejante a la de nuestros divinos antepasados. No faltan en las tradiciones impresionantes relatos, como testimonio de que los "dioses" de tiempos prehistóricos no se andaban con chiquitas a la hora de tratar con los terrícolas. Sin demasiadas vacilaciones, aniquilaban ciudades enteras por el fuego y el azufre llovidos de los cielos. Hartos de su progenie, no dudaron en ahogar a la mayor parte de la humanidad, como lo atestigua la epopeya sumeria de Gilgamesh y el relato bíblico del Diluvio y el Arca de Noé.


Habrá que preguntarse si los extraterrestres podrían volver a proceder de una manera tan rigurosa contra NOSOTROS.


La energía es el alfa y el omega
La energía permite manipular el tiempo. Quien disponga de cantidades ilimitadas de energía puede permitírselo todo (p.264), porque tiene el TIEMPO a su favor. Si la tripulación de un navío extraterrestre destruyese toda la cultura humana actual mediante una lluvia de bacterias, podría aguardar a que un nuevo ciclo de la inteligencia humana hubiese llevado otra vez la civilización a un nivel suficiente. 

Los extraterrestres disponen de cantidades gigantescas de energía. Pueden embarcar y encaminarse a otro sistema solar. Mientras ellos envejecen escasos años, en nuestro planeta transcurren diez milenios. A su regreso se habrá desarrollado una nueva civilización. Por tanto, nada les impide reactivar o anular, según convenga y por un tiempo determinado, este o aquel programa de su "actividad colonizadora". Tienen el tiempo a su favor.

¿Qué podemos hacer para evitar la ira de los "dioses" cuando regresen? ¿Tenemos alguna oportunidad para ponernos a su altura, de manera que no hayamos de temer la superioridad de su técnica?


¡Creced y multiplicaos!
El encargo primordial era que "nos enseñoreásemos" de la tierra. Se nos dijo: "Creced y multiplicaos". En todas las traducciones, la palabra "multiplicaos" viene a tener el mismo sentido que "procread". En cambio, "creced" no significa lo mismo que "multiplicaos"; se trata, pues, de dos mandamientos diferentes.

Puesto que los extraterrestres implantaron en nosotros su inteligencia, lo de "creced" no puede referirse sino a crecer en inteligencia. Y todo crecimiento de la inteligencia tiene el motor de la curiosidad.., en el sentido especial de afán de saber científico. Inspirado por la inteligencia de los extraterrestres, superiores a nosotros, el afán científico halla su confirmación en el descubrimiento de los recursos energéticos de nuestro planeta.


Victoria de la inteligencia

Conozco el coro viril de roncas voces, que conmueve nuestros corazones hablándonos del agotamiento de nuestro planeta. Y me dan mucha lástima, por la pobre opinión que tienen de la inteligencia humana. Pues ésta nunca se verá falta de recursos (p.265), sino que sabrá reemplazar las materias primas a medida que se vayan agotando.

Es la cuenta de la lechera: las materias primeras, según vayan escaseando, subirán de precio, y cuando estén próximas a agotarse no habrá quien pueda pagarlas. Pero mucho antes de llegar a tal punto, el hombre inteligente se habrá preguntado cómo conseguir el mismo efecto con otras materias o con otros productos. El hombre hallará siempre SU camino. Todos los motores del mundo que ahora funcionan con derivados del petróleo podrían funcionar hoy mismo con hidrógeno e incluso agua. Nacidos de la necesidad, que como dice el proverbio hace milagros, se están desarrollando métodos de reciclaje que permiten convertir casi cualquier tipo de desperdicios en una cosa nueva, diferente.

El oficial médico doctor Robert Mayer (1814-1878) fue el descubridor de la "ley de conservación de la energía". Según ese descubrimiento, verdadera piedra miliar de nuestra ciencia, la energía total del universo es constante, y todas las formas de energía son intercambiables entre sí. Wernher von Braun ha escrito:


<La ciencia ha demostrado que nada se destruye irremisiblemente; la Naturaleza no conoce destrucciones, sino sólo transformaciones.>


Bien haya sido encargo de un Dios único, o de mil dioses extraterrestres, la misión de la humanidad siempre ha tenido este sentido: dominar la tierra y crecer, para emular a Dios o a los "dioses". Por consiguiente, el querer emprender el camino contrario sería como hacerse el "harakiri" [suicido]: condenar el progreso científico, pretender que sea anatema la explotación de los recursos, desaprovechar las fuerzas del átomo.., energías renovables y no contaminantes. ¿No fueron ésas las instrucciones divinas?.


La Humanidad debería prepararse para el retorno de los "dioses" en el plano espiritual o moral, en el ético Y TAMBIÉN en el técnico. Habría que entronizar otra vez los Diez Mandamientos, esa expresión de la perfecta sabiduría. Devuélvase a nuestra inteligencia insaciable el rango que le atribuyeron los "dioses". Este programa modernísimo permitiría desterrar el hambre de la Tierra, convertiría a las guerras en miserables fantasmas del pasado, haría que el trabajo útil dejase de ser una utopía. Los extraterrestres no nos aceptarán como a iguales si no nos aproximamos, al menos a su imagen y semejanza (p.266). 


Una vez proclamado este credo, ¿se podrá seguir afirmando con sinceridad que el planteamiento de la teoría de los dioses-astronautas contiene el afán, el deseo o la absurda invitación a cruzarse de brazos, esperando en pasividad la ayuda de los "dioses"?


Si se entendiera esa teoría en su aspecto constructivo y positivo, la humanidad podría encaminarse serena y confiadamente hacia un porvenir pacífico y bendecido con los frutos del progreso. No habría de temer el retorno de los "dioses". Aunque, eso sí, el estado actual de nuestro planeta inspira desde luego las peores prevenciones. Hemos simplemente de corregirlo.

Para terminar.., una cita del olímpico J.W. Goethe:


<Estamos habituados a ver que los hombres se mofan de lo que no entienden.> (p.267)


Fin del texto.


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